La Carta de la Salamandra – Lo que usted debe saber


Mark Hoffman presenta un documento que sería un fraude ante el Pdte. Kimball.

Mark Hoffman presenta un documento que sería un fraude ante el Pdte. Kimball.

La Carta de la Salamandra fue uno de los cientos de documentos históricos que salieron a la luz en la década de los 80’s y fue causa de mucha controversia entre miembros y no miembros de la Iglesia debido a que su contenido cuestionaba fuertemente la “versión oficial” y comúnmente conocida historia de José Smith sobre el origen del Libro de Mormón.

En la Conferencia Generale de octubre del 2014, el élder Neil L. Andersen del Cuórum de los doce Apóstoles, incluyó en su discurso un espacio para referirse al descubrimiento de dicha carta supuestamente escrita por Martin Harris que contradecía el relato de José Smith y de cómo había encontrado las planchas del Libro de Mormón. Algunos miembros se marcharon de la Iglesia debido a ese documento. Ahora en Zona Mormón, deseamos ampliar más al respecto.

Mark Hofmann.

Mark Hoffmann.

Una vez aparecida la carta fue aceptada por algunos expertos en documentos y rechazada por otros. Entre los expertos que aceptaron dicha carta figura Kenneth W. Rendell, uno de los principales expertos en documentos históricos y detector de falsificaciones de los Estados Unidos. A nivel de la Iglesia, la carta fue aceptada con cautela por medio de la oficina del historiador de la Iglesia señalándose que aunque para los expertos (mormones y no mormones) no habían encontrado signos de falsificación, tampoco había pruebas sólidas de que fuese un documento legítimo.

Sin embargo, luego de la compra y posterior donación a la Iglesia por medio de un particular y la publicación de su contenido por la Iglesia, varias personas comenzaron a dudar de su autenticidad, por lo que, Mark Hoffman, la persona que había “descubierto” el documento junto con otros documentos históricos muy notables, ideó una trama para deshacerse de la evidencia por medio del asesinato con bombas de personas relacionadas que estaban comenzando a sospechar de la falsificación, pero que también resultó en la explosión de una de dichas bombas en su automóvil por lo cual quedó gravemente herido.

Los puntos principales de interés respecto a la Carta Salamandra, especialmente de parte de los críticos de la Iglesia, residen en el contenido mismo de la carta, la cual, aunque se ha probado falsa se sigue utilizando hasta el día de hoy como “fuente” de las ideas que relacionan a José Smith con prácticas pseudomágicas, y la acusación de que los líderes de la Iglesia hayan caído en un engaño, los cuales según algunos críticos no podrían haber sido engañados por la falsificación si ellos realmente fuesen “inspirados por Dios”.

La Trama de Mark Hoffman

(Notas tomadas del blog “Un Barco Más Grande” – Grandes y pequeños traspiés de la historia).

Steven Christensen, una de las victimas de Hoffmann.

Steven Christensen, una de las victimas de Hoffmann.

El 15 de octubre de 1985, a las siete de la mañana, Steve Christensen, coleccionista de documentos antiguos, volaba por los aires y moría en el acto, tras una explosión generada por abrir un paquete con una bomba casera que acababa de llegar a su oficina, en Salt Lake City. Un par de horas después, Kathy Sheets, esposa del socio de Christensen, recibió un paquete bomba similar en su casa. También murió a causa de la explosión.

La empresa de Christensen y Sheets estaba en bancarrota y la policía manejó la hipótesis de que los asesinatos fueron obra de algún deudor vengativo. Pero al día siguiente, también en Salt Lake City, una tercera bomba estuvo a punto de acabar con la vida de Mark William Hoffmann cuando arrancaba su coche. Hoffmann, que acabó malherido, no era socio de Christensen y Sheets pero sí habían tenido una relación previa. Hoffmann era un importante especialista en libros y documentos antiguos impresos en Norteamérica, y había vendido varios papeles de extraordinario valor a la Iglesia Mormona. La empresa financiera que dirigían Christensen y Sheets “CFS”, había aconsejado a los líderes mormones la compra de los documentos descubiertos por Hoffmann.

Kathleen Sheets, la segunda víctima de las bombas de Hoffmann.

Kathleen Sheets, la segunda víctima de las bombas de Hoffmann.

Sin embargo, Hoffmann era conocido por asuntos mucho más importantes. Era el descubridor del documento impreso por los colonos norteamericanos más antiguo conocido como: The Oath of a Freeman (El juramento del hombre libre), un juramento de los primeros ciudadanos de Massachussets. Hasta entonces, el documento más antiguo que se conservaba impreso de las colonias norteamericanas era el Bay Psalm Book, que data de 1640. Se tenía constancia de que The Oath of a Freeman había existido y que se habían hecho cincuenta copias del documento en 1639; incluso se conocía su contenido, pero se creía que todas las copias se habían perdido. El laboratorio de la Universidad de California realizó las pruebas de datación por radiocarbono a la tinta del juramento y estableció una antigüedad aproximada similar a la del Bay Psalm Book. El papel también era el correcto por lo que todo parecía indicar que el documento era auténtico y había salido de la misma imprenta que del Bay Psalm Book, pero un año antes, en 1639. La Biblioteca del Congreso compró el documento a Hoffmann por un millón de dólares.

Hoffmann también era famoso por haber sacado a la luz, un par de años antes, la Carta Salamandra, un importante documento que atacaba directamente al fundador de la Iglesia Mormona acusándolo de ser practicante de magias oscuras. La Carta Salamandra tenía especial valor ya que databa de la época en que fue fundada la Iglesia y supuestamente estaba escrita por un mormón arrepentido.

¿Qué había detrás de todo esto? Sinteticemos: Dos ejecutivos, coleccionistas de libros antiguos, reciben un paquete bomba cada uno, aunque es la mujer de uno de ellos la victima de la segunda bomba. Al día siguiente otra bomba está a punto de acabar con un importante especialista en textos antiguos norteamericanos que recientemente había hecho un descubrimiento enormemente importante -The Oath of a Freeman- y que, además, estaba enemistado con la Iglesia Mormona. Iglesia a la que él mismo había vendido anteriormente documentos por el valor de decenas de miles de dólares en operaciones llevadas a cabo por los dos ejecutivos que habían recibido las bombas.

Extraños documentos centenarios, asesinatos, mormones, libros perdidos. La historia tiene los ingredientes adecuados para acabar hablando de conspiraciones, historias ocultas y misteriosas, o conocimientos secretos que deben permanecer alejados de los ojos de los mortales. La cosas, en realidad, fueron muchísimo más mundanas.

Primeros pasos en el difícil arte del engaño

Hoffmann nació en Salt Lake City en 1954. Su familia, mormona por supuesto, era extremadamente religiosa y Hofmann fue enviado como misionero a Bristol, cuando tenía diecinueve años. En Inglaterra se aficionó a los libros antiguos, sobre todo aquellos que trataban sobre la religión mormona. Los compraba en los numerosos mercadillos de objetos antiguos que existían en Bristol, así como en librerías de viejas ediciones. Pronto acumuló una importante colección.

Poco después de regresar a Estados Unidos, Hoffmann mostró a un amigo un valioso ejemplar de la Biblia del Rey Jaime. En su interior había un sobre que parecía muy antiguo y que Hoffmann decía haberlo encontrado allí. Lo abrió frente a su amigo y descubrió en su interior una carta de Martin Harris fechada en 1828. La carta tenía enorme importancia para los practicantes de la fe mormona ya que Harris fue el primer discípulo de Joseph Smith, el fundador de la Iglesia Mormona. Además, si la fecha era correcta, la carta habría sido escrita dos años antes de la publicación del Libro del Mormón en 1830. Los mormones examinaron el documento y declararon que era auténtico; se lo compraron a Hoffmann por 20.000 dólares y un ejemplar de la primera edición del Libro del Mormón. Está fue la primera de las numerosas falsificaciones que Hoffmann vendió a la Iglesia Mormona. Eran imperfectas comparadas con sus trabajos posteriores pero los mormones pagaban miles de dólares por ellas y Hoffmann pudo abrir un negocio de libros antiguos. Con el tiempo perfeccionó sus falsificaciones con lo que pudo vender documentos a mayor diversidad de compradores, no solo a la Iglesia Mormona.

En 1985 Hoffmann aseguró a un conocido que había descubierto el documento más importante de la historia de los Estados Unidos.

La falsificación perfecta

Una vez decidido el documento a falsificar, el Oath of a Freeman, lo que más le preocupaba a Hoffmann era el cómo cubrirse las espaldas sobre su procedencia. Para ello usó un trozo de papel envejecido en el que imprimió un viejo poema. Encabezó el texto con el título The Oath of a Freeman y le puso una etiqueta de precio por 25 dólares, luego lo dejó en el cajón de las gangas de los almacenes Argosy Company. Dos días después volvió, cogió el papel así como otros cuatro documentos baratos del cajón y pidió a la cajera que le hiciera una factura detallada por la compra de los cinco artículos. En cuanto salió de la tienda se aseguró de destruir el papel con el poema sin valor. Ya tenía lo que quería: una factura probando que había encontrado The Oath of a Freeman en aquellos almacenes, entre papeles viejos, y que había pagado por él.

Mark Hoffmann en Salt Lake City.

Mark Hoffmann en Salt Lake City.

Ahora venía la parte difícil. Falsificar el juramento. Primero se hizo con un facsímil del Bay Psalm Book, impreso en la misma imprenta en la que se habían hecho las cincuenta copias del juramento y lo fotocopió. Recortó todas las letras y las pegó en otro folio conformando el texto de The Oath of a Freeman y rodeándolas de una cenefa de flores. Volvió a fotocopiarlo todo y acudió a un grabador para que le fabricara una plancha de zinc con todas las letras y motivos para imprimir. Luego limó y desgastó los bordes de las letras metálicas de la plancha para simular el uso prolongado que probablemente presentaban los tipos originales.

Para hacer la tinta recurrió a una mezcla de linaza similar a las usadas en las primeras imprentas. Después redujo a minúsculos fragmentos parte del cuero que encuadernaba un libro del siglo XVII y mezcló los trocitos con la tinta. Este simple truco sirvió para que las pruebas realizadas por los laboratorios de la Universidad de California establecieran que la tinta tenía la antigüedad correcta. También le añadió goma arábiga para que se agrietara como en los textos antiguos. Por último, una pizca de soda cáustica le dio el tono marronaceo adecuado.

Ya tenía la tinta y la plancha de zinc que simularía una imprenta del siglo XVII. Solo faltaba el papel. Hoffmann dejó que la hoja se enmoheciera antes de imprimirlo. Después, ya con el texto, la introdujo en una cámara de ozono para oxidarla y atenuar la tinta.

Hofmann engañó a todos los expertos que se lanzaron a examinar el documento y consiguió venderlo a la Biblioteca del Congreso por un millón de dólares.

Una cortina de humo

Lugar donde estalló la bomba que mató a Christensen.

Lugar donde estalló la bomba que mató a Christensen.

A pesar de que la falsificación de Hofmann había superado todos los análisis y pruebas que habían realizado los expertos, las sospechas sobre el mormón estafador llegaron del lugar más inesperado. Theodore Cannon, abogado del condado, tenía diecisiete años de experiencia como técnico de prensas de copiado. En cuanto vio el “Juramento” se dio cuenta de que había algo que olía mal en aquel documento y levantó la voz de alarma.

Hoffmann, ahogado por las deudas, veía como los compradores de sus últimas ventas, incluyendo Oath of a Freeman, se negaban a pagarle hasta que el asunto se esclareciera. En ese momento, Hoffmann, que hasta entonces se había comportado de forma sumamente inteligente, tomó su decisión más estúpida: crear una cortina de humo con unas serie de atentados al mismo tiempo que quitaba de en medio a posibles testigos en su contra.

Hoffmann fue victima de su tercera bomba. Hecho donde falta esclarecer las causas.Hoffmann fue victima de su tercera bomba. Hecho donde falta esclarecer las causas.

Hoffmann fue victima de su tercera bomba. Hecho donde falta esclarecer las causas.

Él mismo fabricó las bombas con las que pensaba llevar a cabo su plan. Eliminó a Christensen y, por error, asesino también a la mujer de Sheets con una bomba destinada a su marido. Sobre a quién iba destinada la tercera bomba sigue siendo un misterio hasta hoy en día ya que Hoffmann, que actualmente cumple cadena perpetua, siempre se ha negado a decir algo sobre ese tema pese a que confesó voluntariamente los otros asesinatos y las falsificaciones.

Al parecer la bomba estaría destinada para Brent Ashworth, otro coleccionista de textos antiguos que había hecho negocios con Hoffmann. Otra hipótesis es que la tercera explosión fue un intento de suicidio. Pero la teoría más probable, tanto para la policía como para los medios, es que Hoffmann intentara usar esa bomba para simular un intento de asesinato en el que él era la víctima. La coartada podría haberle costado la vida y, de hecho, le causó gravísimas heridas. Puede que la vergüenza que conllevaría confesar una idea tan estúpida haya mantenido cerrada la boca de Hoffmann durante años.

Hoffmann fue victima de su tercera bomba. Hecho donde falta esclarecer las causas.

Hoffmann fue victima de su tercera bomba. Hecho donde falta esclarecer las causas.

Días después de los asesinatos, cuando la policía ya tenía claro quién era el culpable, Theodore Cannon, el abogado impresor, descubrió finalmente el error de Hoffmann. Tal como había sospechado, la clave estaba en las distancias entre las líneas. En una imprenta, los tipos móviles se enganchan en unos soportes para formar la plancha final. Estos soportes hacen que la distancia entre cada línea tenga que ser igual o mayor a la altura del mayor carácter usado. Así mismo, los motivos decorativos como el usado por Hoffmann también debían estar a una distancia mínima del texto debido a los soportes adicionales que había que añadir a la plancha. Midiendo las distancias que había usado Hoffmann, Cannon dedujo fácilmente que aquel texto no había salido de ninguna imprenta. Al poco tiempo, Hoffmann confesó los asesinatos así como las falsificaciones vendidas a los mormones y el fraude de Oath of a Freeman. Fue condenado a pena de muerte pero finalmente fue conmutada por cadena perpetua. Hasta hoy, Hoffmann ha intentado suicidarse tres veces en la cárcel.

Hoffmann es llevado herido luego de la explosión de la tercera bomba.

Hoffmann es llevado herido luego de la explosión de la tercera bomba.

Epílogo

Hoffmann no admitió haber realizado más falsificaciones que las antes citadas a pesar de que sí llevó a cabo bastantes más. En 1997 la casa de subastas Sotheby´s vendió a la Biblioteca Jones un poema original manuscrito de Emily Dickinson. Tiempo después se descubrió que era una falsificación de Hoffmann. Nadie sabe cuántos antiguos documentos creados por Hoffmann siguen en circulación.

El Contenido de la Carta de la Salamandra

El contenido de la carta implicaba un aspecto mágico de la vida de José Smith, un tema que ha sido objeto de un controvertido debate entre los estudiosos de la historia de Santos de los Últimos Días. La Carta de la Salamandra fue supuestamente “escrita” por Martin Harris a William Wines Phelps, uno de los primeros conversos en el movimiento de Santos de los Últimos Días. Harris trabajó por un corto período como escribiente para la traducción del Libro de Mormón desde las planchas de oro, y ayudó en el financiamiento de la primera edición del Libro de Mormón.

SalamanderletterLa carta presenta una versión de la recuperación de las planchas de oro que contrastaba con la versión “ortodoxa” de los hechos relatados por José Smith y el movimiento Santo de los Últimos Días, versión que de ser cierta, confirmaba algunos aspectos controvertidos de la vida de Smith. Smith había sido acusado de ser “excavador de tesoros” y de haber usado una “piedra [mágica] de vidente”.

De acuerdo con esta carta, cuando José Smith desenterró las planchas una “salamandra” se le apareció, la cual se transformó en un espíritu que se negó a darle a José las planchas a menos que su hermano Alvin Smith también estuviese presente. Esto habría sido muy difícil, ya que Alvin había muerto antes del tiempo de la supuesta aparición. Esta referencia puede haber sido un intento de Hoffmann para asociar la recuperación de las planchas de oro a un rumor respecto a que la tumba de Alvin Smith había sido desenterrada por la familia Smith para utilizar sus restos mortales en una ceremonia mágica.

El uso de Mark Hoffmann de una salamandra se basó en leyendas existentes acerca de ciertos animales con poderes sobrenaturales. De hecho, Hoffmann pudo haber sido inspirado en su historia por uno de los primeros libros anti mormones llamado “Mormonism Unvailed” (1834), el cual afirmaba que existía el rumor de que un animal tipo sapo se le había aparecido a José Smith cuando este obtuvo las planchas de oro.

Texto de la Carta de Salamandra
(Está en Ingles antiguo -y enredado- por lo cual prefiero no traducirlo)

Palmyra October 23d 1830

Dear Sir

Your letter of yesterday is received & I hasten to answer as fully as I can–Joseph Smith Jr first come to my notice in the year 1824 in the summer of that year I contracted with his father to build a fence on my property in the corse of that work I approach Joseph & ask how it is in a half day you put up what requires your father & 2 brothers a full day working together he says I have not been with out assistance but can not say more only you better find out the next day I take the older Smith by the arm & he says Joseph can see any thing he wishes by looking at a stone Joseph often sees Spirits here with great kettles of coin money it was Spirits who brought up rock because Joseph made no attempt on their money I latter dream I converse with spirits which let me count their money when I awake I have in my hand a dollar coin which I take for a sign Joseph describes what I seen in every particular says he the spirits are grieved so I through back the dollar in the fall of the year 1827 I hear Joseph found a gold bible I take Joseph aside & he says it is true I found it 4 years ago with my stone but only just got it because of the enchantment the old spirit come to me 3 times in the same dream & says dig up the gold but when I take it up the next morning the spirit transfigured himself from a white salamander in the bottom of the hole & struck me 3 times & held the treasure & would not let me have it because I lay it down to cover over the hole when the spirit says do not lay it down Joseph says when can I have it the spirit says one year from to day if you obay me look to the stone after a few days he looks the spirit says bring your brother Alvin Joseph says he is dead shall I bring what remains but the spirit is gone Joseph goes to get the gold bible but the spirit says you did not bring your brother you can not have it look to the stone Joseph looks but can not see who to bring the spirit says I tricked you again look to the stone Joseph looks & sees his wife on the 22d day of Sept 1827 they get the gold bible–I give Joseph $50 to move him down to Pa Joseph says when you visit me I will give you a sign he gives me some hiroglyphics I take then to Utica Albany & New York in the last place Dr Mitchel gives me an introduction to Professor Anthon says he they are short hand Egyption the same what was used in ancient times bring me the old book & I will translate says I it is made of precious gold & is sealed from view says he I can not read a sealed book–Joseph found some giant silver specticles with the plates he puts them in an old hat & in the darkness reads the words & in this way it is all translated & written down–about the middle of June 1829 Joseph takes me together with Oliver Cowdery & David Whitmer to have a view of the plates our names are appended to the book of Mormon which I had printed with my own money–space and time both prevent me from writing more at present if there is any thing further you wish to inquire I shall attend to it

Yours Respectfully Martin Harris

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La carta fue considerada auténtica por experimentados examinadores de documentos, un testimonio de las impresionantes técnicas de falsificación de Hoffmann. La carta también pareció respaldar la opinión de Reed Durham, D. Michael Quinn y otros en relación a aspectos “mágicos” de las experiencias religiosas de Smith. El desencanto de Hoffmann con la Iglesia puede haber jugado un papel en la selección del material usado para forjar su documento. Mientras más sensacional y controvertido el tema, mayor había de ser su potencial valor de mercado, pero además, el contenido alimentaría las sospechas sobre el origen oculto de los Santos de los Últimos Días, aliviando a Hoffmann de parte de la carga de su entonces falleciente fe.

Deseretnews publica los hechos acontecidos sobre las explosiones donde el acusado es Mark Hoffmann.

Deseretnews publica los hechos acontecidos sobre las explosiones donde el acusado es Mark Hoffmann.

La compra del documento por la iglesia

La carta fue ofrecida inicialmente a Don Schmidt del departamento histórico de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el 3 de enero de 1984, por Lyn Jacobs, quien quería cambiarla por una moneda de oro mormona de 10 dólares. Jacobs dijo a Schmidt que había recibido la carta de parte de un coleccionista del este de EEUU, referido por Mark Hoffmann. Más tarde ese mismo día Jacobs también se reunió con Gordon B. Hinckley, quien le dijo que “Realmente no sé si nosotros [la Iglesia] la queremos”. Jacobs cambió su oferta por una copia del “Libro de los Mandamientos” (el libro original de Doctrina y Convenios). Esta oferta también fue rechazada. Jacobs también sugirió que Brent Ashworth podría tener un interés en ella, aunque Hoffmann ya le había mostrado una transcripción que este había considerado falsa.

Personal del departamento histórico de la Iglesia consideraron que el contenido de la carta parecía demasiado similar al relato de “Mormonism Unvailed” por lo cual le comunicaron a Hinckley, quien finalmente decidió no recomendar a la Primera Presidencia el comprar dicho documento. La carta también fue ofrecida a otras partes interesadas, incluyendo a prominentes críticos del mormonismo como Jerald y Sandra Tanner, quienes también expresaron sus dudas sobre su autenticidad. De esta forma nunca se alcanzó un acuerdo con la Iglesia para su compra por lo cual Hoffmann finalmente vendió la carta a Steven F. Christensen el 6 de enero de 1984 por US$ 40,000.

Mark Hoffmann ante el tribunal que lo acusa de asesinato a dos personas.

Mark Hoffmann ante el tribunal que lo acusa de asesinato a dos personas.

Christensen quería tratar de autenticar la carta y luego donarlo a la Iglesia SUD. Un año más tarde, Hinckley aún tenía dudas acerca de la carta. La Iglesia, por medio de un comunicado de prensa el 28 de abril 1985, declaró: “Nadie, por supuesto, puede estar seguro de que Martin Harris escribió el documento. Sin embargo, en este momento aceptamos el juicio del examinador de que no hay ninguna indicación de que se trate de una falsificación. [pero] Esto no excluye la posibilidad de que pudo haber sido hecha en un tiempo en que la Iglesia tenía muchos enemigos”.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días dio a conocer públicamente el contenido de la Carta de la Salamandra en abril de 1985. Al mismo tiempo la Iglesia hizo pública una carta para el Sistema Educativo de la Iglesia, en la cual sugería que los maestros no debían fomentar el debate sobre la Carta de la Salamandra, sino que con mucho tacto responder a las preguntas genuinas sobre el tema. FARMS (un grupo de investigación compuesto por estudiosos SUD, pero que en ese momento no tenía ninguna conexión formal con la Iglesia) publicó varios artículos en las que examinaba la Carta de la Salamandra, como por ejemplo un artículo titulado “¿Por qué una persona de 1830 podría conectar un ángel con una salamandra?”

Lista oficial de los documentos falsos

Como resultado de la confesión del asesino convicto y falsificador Mark William Hoffmann, numerosos documentos históricos han sido declarados falsos. Los anuncios y los textos de algunos de estos documentos fueron publicados en periódicos de la Iglesia, y los documentos se han utilizado de buena fe desde 1980 en los manuales y han sido marco de debates entre los líderes, maestros y miembros de la Iglesia.

Los siguientes documentos y sus contenidos fraudulentos no deben ser utilizados, a pesar de que pueden haber aparecido en anteriores publicaciones de la Iglesia [tras su aparición]:

  1. La transcripción de Charles Anthon, supuestamente copiando caracteres egipcios reformados por José Smith del Libro de Mormón, de las planchas de Oro en 1828. (Se publicó en Ensign, Jun. 1980, Dec. 1983).
  2. La bendición de José Smith III, falsamente representada como la bendición patriarcal dado por el profeta José Smith el 17 de enero de 1844 a su hijo, José Smith III, en el sentido de que este hijo sería designado como su sucesor. (Se publicó en Ensign, Mayo 1981).
  3. La carta de Lucy Mack Smith, el 23 de enero de 1829, falsamente escrita por la madre de José Smith. Presenta detalles que supuestamente provenían de las 116 páginas del manuscrito perdido del Libro de Mormón, incluyendo la idea de que Ismael, cuyas hijas se casaron con los hijos de Lehi y Sariah, era el hermano de Saríah. (Se publicó en Ensign, Oct. 1982, Dec. 1983).
  4. La carta de Martin Harris, del 13 de enero 1873 a Walter Conrad, supuestamente de puño y letra del hijo de Martin, Martin Harris, Jr., y firmado por Martin Harris, quien habría tenido ochenta y nueve años de edad en ese entonces. Este texto fraudulento reafirma el testimonio de Martin Harris como uno de los Tres Testigos del Libro de Mormón. (Ver Ensign, Nov. 1982, Dec. 1983).
  5. La carta de David Whitmer del 2 de abril 1873 a Walter Conrad, aparentemente escrito por otro de los Tres Testigos del Libro de Mormón, y que de manera fraudulenta reafirma el testimonio de David Whitmer. (Ver Ensign, Dec. 1983).
  6. Dos páginas del manuscrito original del Libro de Mormón, que abarca Helamán 14:20 al 15:12, así como las partes de Mosíah 2:6-7 y 2:17-18, supuestamente escritas por Oliver Cowdery directamente de como José Smith lo dictó de la traducción. (Ver Ensign, Oct. 1983, Dec. 1983).
  7. El contrato de EB Grandin, del 17 de agosto de 1829, falsamente pretendió ser un acuerdo financiero entre la imprenta de Egbert B. Grandin y José Smith para la primera edición del Libro de Mormón. (Ver Ensign, Dec. 1983).
  8. Para “José Smith, Jr.,”, una copia de la firma del profeta en una primera edición del Libro de Mormón. Si bien la firma es una falsificación de Mark Hoffman, una carta de José Smith mencionada en el mismo artículo es de otra fuente y se considera auténtica. (Ver Ensign, Setiembre. 1985).
  9. La carta de Martin Harris (popularmente conocida como la Carta de la Salamandra blanca), supuestamente escrita en 1830 por Martin Harris con William W. Phelps. Esta carta contiene una relación ficticia de los problemas encontrados por José Smith al obtener las planchas de oro.
  10. La carta Josías Stowell, supuestamente escrita por José Smith en 1825. Contiene información que indica José Smith estaba involucrado en la magia popular. Antes de ser etiquetados de una falsificación, esta carta se creía que era el escrito más antiguo que se conservaba del Profeta.
La carta de la Salamandra de Hoffmann.

La carta de la Salamandra de Hoffmann.

Mark Hoffman también afirmó estar en el proceso de comprar una colección de escritos de William E. McLellin, uno de los miembros originales del Consejo de los Doce, quien más tarde apostató y perdió su membresía en la Iglesia, pero que nunca se retractó de su testimonio del Libro de Mormón. (Ver Ensign, Feb. 1986.) Aunque los documentos escritos por William E. McLellin pudiesen existir, Hoffmann ha confesado que su propia “colección” no era verdadera.

Hoffmann fue también la fuente de un rumor ampliamente difundido en relación con una historia temprana de Oliver Cowdery, documento supuestamente en propiedad de la Iglesia. Este documento no existente, acredita falsamente al hermano de José Smith, Alvin, en el papel para obtener las planchas de oro. (Ver Ensign, Dec. 1986; Agosto de 1987).

Otra de las falsificaciones de Mark Hoffmann.

Otra de las falsificaciones de Mark Hoffmann.

En agosto de 2010, casi treinta años después de que Hoffmann cometiese sus falsificaciones, se descubrió otro documento que resultó ser una de sus obras. Una declaración jurada hecha en 1924 por William Edwards con respecto a su participación en la Masacre de Mountain Meadows cuando tenía quince años de edad. Dos expertos que fueron consultados por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días declararon que el documento es una falsificación. Como se puede ver, los documentos comprados por la Iglesia fueron publicados en la Ensign aun cuando no fueron favorables para la Iglesia y fueron motivo de burla y ataques a la iglesia hasta que se descubrió que eran un fraude.

Las críticas y la actuación de los líderes de la Iglesia

Luego de los asesinatos, captura de Hoffmann y prueba de las falsificaciones se criticó a los líderes de la Iglesia, especialmente a Gordon B. Hinckley, de haber sido “engañados” y de ser “incapaces de discernir las malas intenciones de un hombre como Hoffmann”. Hinckley más adelante señaló: “Yo acepté que vaya a mi oficina en base a confianza… Admito francamente que Hoffmann nos engañó. Él también engañó a expertos desde Nueva York a Utah, sin embargo… no me avergüenzo de admitir que fuimos víctimas [de un fraude]. No es la primera vez que la Iglesia se encuentra en esta situación. José Smith fue víctima una y otra vez. El Salvador fue víctima. Siento tener que decir que a veces esto sucede”.

Para el tiempo de los sucesos narrados, Gordon B. Hinckley, servía como apóstol de la Primera Presidencia, actuando como líder “de facto” debido a que el presidente de la Iglesia, Spencer W. Kimball, se encontraba fuertemente enfermo. Hinckley fue uno de los muchos, incluidos expertos e historiadores en documentos del FBI, que fueron engañados por Hoffmann. Algunos de esos documentos ponían en tela de juicio algunas opiniones SUD sobre José Smith y de su rol acercándose más a las opiniones de los críticos de la Iglesia.

En 1980, el Presidente Hinckley conoció a Mark Hoffmann, entonces un estudiante universitario que dijo haber encontrado en una vieja Biblia un papel que parecía ser el manuscrito original con los caracteres copiados por José Smith de las planchas de oro y dados a Martin Harris para su examen por Charles Anthon. Aunque ahora se sabe que era fraudulento, al igual que muchos otros documentos de Hoffmann, era una falsificación plenamente convincente.

Poco después, Hoffmann afirmó haber encontrado un registro de la bendición de José Smith a su hijo, José Smith III, en la cual bendijo al niño a los 11 años de edad para ser el “sucesor en la Presidencia del Sumo Sacerdocio”, lo que algunos interpretaron en el sentido de que el hijo sería el siguiente profeta. Esta carta parecía reforzar los argumentos de la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (una rama más pequeña del movimiento Santo de los Últimos días que afirma que los descendientes de José Smith debe ser herederos legítimos al Oficio de Presidente y que rechaza la obra del templo y gran parte de lo que hacen diferente a la Iglesia de Jesucristo SUD de los protestantes). La bendición de José Smith III, parecía poner en entredicho las doctrinas SUD de la sucesión de la cabeza de la Iglesia, pero el presidente Hinckley mantuvo firmemente que estos principios eran revelados y correctos y como un gesto de buena voluntad, aquellos documentos problemáticos, en lugar de haber sido ocultados o destruidos, se le entregó públicamente a la Iglesia Reorganizada.

Hoffmann durante el proceso por la muerte de dos personas y falsificaciones.

Hoffmann durante el proceso por la muerte de dos personas y falsificaciones.

De todo el grupo de documentos recibidos por medio de Hoffmann, posiblemente la revelación más problemática fue, sin duda, la Carta de la Salamandra, conocida por Gordon B. Hinckley el 3 de enero de 1984. Aunque complicada, la carta también podría ser interpretada en términos de la cultura estadounidense de la frontera [por su ficción] y por las formas figurativas de su expresión, pero los enemigos de la Iglesia, alegaban que refutaba toda la historia “oficial” del Libro de Mormón. Esto y la mayor parte de la problemática de otros documentos de Hoffmann se hicieron públicos, aunque no necesariamente con gran entusiasmo. El Presidente Hinckley afirmo que “No tenemos nada que ocultar”. El documento era una falsificación, pero parecía ser auténtico. La explicación del Presidente Hinckley que acompañó a la impresión de la carta completa en el Church News (Abril de 1985, el mismo mes que la Iglesia adquirió oficialmente la carta por medio de una donación) decía: “Nadie, por supuesto, puede estar seguro de que [realmente] Martin Harris escribió el documento. Sin embargo, en este momento aceptamos el juicio del examinador, de que no hay ninguna indicación de que se trate de una falsificación. Esto no excluye la posibilidad de que pudo haber sido hecha en un momento en que la Iglesia tenía muchos enemigos. Es, sin embargo, un interesante documento de esos tiempos”.

El Presidente Hinckley afirmó que la carta no socavó a la Iglesia o la historia de la Iglesia. Se mantuvo confiado y firme en su postura, a pesar del fuerte asalto de los medios de comunicación y de los críticos de la Iglesia. Él dijo que la Iglesia “sobrellevará cada tormenta que golpeé en su contra. Durará más que todos los críticos que se levanten para burlarse de él. Lleva el nombre de Aquel que es, sí, el Señor Jesucristo” (Church News, 30 de junio de 1985). Esas fueron palabras proféticas.

El 15 de octubre de 1985, dos personas mormonas en Salt Lake fueron asesinados por bombas en lugares distintos. Al día siguiente, una bomba explotó en el coche de Mark Hoffmann, cerca de la sede de la Iglesia mientras él estaba en el vehículo. Hoffmann no murió. Hoffmann había sido herido por una de sus propias bombas, una bomba destinada a otra persona o a servirle como coartada como parte de un plan desesperado para salvar su cuello, para cubrir sus huellas, y seguir perpetrando fraudes. La explosión accidental de la bomba de Hoffmann en su coche, resultó ser la clave para revelar la verdad detrás del fraude Hoffmann. En febrero de 1986 fue acusado de 28 cargos criminales, incluyendo dos cargos de asesinato. Un amplio trabajo de investigación fue necesario para establecer el caso contra Hoffmann y para demostrar que él había falsificado los documentos.

Una de las claves fue un científico forense, al descubrir por una técnica de visualización ultravioleta que ayudó a detectar los indicios de falsificación en el trabajo de Hofmann, que era generalmente demasiado sofisticado para los métodos conocidos previamente aplicados. Once meses después de ser acusado, el caso contra Hoffmann se había transformado en muy fuerte y Hoffmann se declaró culpable de asesinato en segundo grado. También se jactó de engañar a líderes de la Iglesia con sus documentos falsos, incluyendo la Carta de la Salamandra, la bendición de José Smith III, y la transcripción de Anthon. A Hofmann le hubiera gustado derribar a la Iglesia (mientras hacía mucho dinero a costa de esta), pero sus planes no llegaron a nada.

Los efectos duraderos de las falsificaciones

Más de veinte años después, los efectos de la carta aún persisten. La carta ha sido referenciada en las investigaciones tanto de mormones como de los críticos del mormonismo por igual. Las publicaciones resultantes y sus conclusiones basadas en la presunción de que la carta era auténtica todavía están disponibles y pueden influir en las opiniones de aquellos que buscan información sobre “profunda doctrina mormona” o en búsqueda de pruebas en apoyo de una visión histórica naturalista o mágica del mormonismo o José Smith. Además, Hoffmann produjo y vendió varios otros documentos relacionados con acontecimientos importantes en la historia de Santos de los Últimos Días, que fueron falsos

Grant Palmer, autor de un libro crítico de la historia del origen del mormonismo afirma que su obra fue influenciada en parte por su aceptación original de la Carta de la Salamandra como válida y que apoyaba sus teorías respecto a la “mentalidad mística” de José Smith.

La Carta de la Salamandra también influyó en el contenido de la película “The God Makers II”, un supuesto “desenmascaramiento” del mormonismo. La película sugiere que José Smith había tenido que desenterrar el cuerpo de su hermano Alvin y llevar una parte al cerro de Cumorah con el fin de obtener las planchas de oro de la cual se decía que el Libro de Mormón había sido traducido. [13] Jerald y Sandra Tanner rechazan esta idea y determinaron que la única fuente conocida de esta historia había sido la Carta de la Salamandra.

Referencias en la cultura popular del caso Salamandra

El episodio “The Saint” de la tercera temporada de la serie “La Ley y Orden” se basó en el caso de la Carta de la Salamandra. En el episodio, un experto llamado James Bennett crea varios documentos en un intento de arruinar la “Fundación del Hermano Jerome”, llamada así por causa de una figura religiosa en proceso de canonización. Para ocultar su falsificación, Bennett asesina a una anciana por medio de una explosión.

El episodio “Hollywood AD”, de la séptima temporada de “Los Expedientes Secretos X”, también se basó en el caso de la Carta de la Salamandra.

Un programa de radio llamado “La Carta de la Salamandra” escrito por Dylan Ritson y dirigida por Ned Chaillet fue transmitida por BBC Radio del 4 al 15 de enero del 2005.

Algunas conclusiones finales respecto al caso Salamandra

La virtualmente policíaca historia de las falsificaciones de Mark Hofmann y la carta salamandra pueden entregarnos varias lecciones bastante interesantes, las cuales serán mencionadas sin orden de importancia.

La creencia de la infalibilidad Profética

Posiblemente debido al común background religioso cultural influido por las creencias católicas respecto a la “Infalibilidad Papal” o simplemente debido a que las personas tendemos a divinizar a nuestros líderes religiosos, ocurre que muchos creen a pies juntillas en que el profeta jamás se puede equivocar, lo cual ciertamente es real, pero para los casos en los cuales se está actuando precisamente como Profeta, que es un tema que muchos olvidan y que de hecho se usa comúnmente para tratar de desacreditar el llamamiento del profeta y la validez de sus palabras.

En este caso varios líderes y expertos de la Iglesia, en especial Gordon B. Hinckley fueron (pero no completamente) engañados por las falsificaciones de Hoffmann, sin embargo ellos no fueron más engañados que muchos otros expertos en el área. La acusación de que un líder de alto nivel de la Iglesia, en este caso, un apóstol que estaba de hecho actuando como la cara visible de la Iglesia no podría ser engañado de ser un líder “inspirado por Dios” no tiene justificación ni lógica ni por el estudio de las escrituras. La Biblia y las Escrituras Modernas mencionan en varias ocasiones a Profetas que fueron engañados (Moisés, Josué, José Smith) o que directamente no hicieron lo correcto o que simplemente se equivocaron (Jonás, Pedro, José Smith nuevamente), por lo cual es por lo menos sorprendente que existan críticos que juzguen a los líderes de la Iglesia de estos tiempos y no apliquen el mismo criterio a los profetas Bíblicos.

De hecho, en este último punto es donde se pueden obtener las lecciones más interesantes del tema: la tergiversación de las historias que envuelven a la Iglesia con el fin de deslizar todo tipo de críticas e inclusive mentiras en el clásico goebbeliano de “miente miente, que algo siempre queda”, buscando que sea lo que sea quede cuestionando la historia de la Iglesia.

Algunas de las mentiras (o incluso confusiones que son sostenidas entre miembros de la Iglesia) más comunes respecto al caso Hoffmann y que salen a la luz cuando el caso es mostrado por los críticos de la Iglesia son los siguientes:

La Iglesia gastó cientos de miles de dólares en los documentos

A pesar de que es verdad de que la Iglesia sí ha gastado dinero en obtener documentos históricos, esto ha sido un comportamiento sostenido por la Iglesia desde siempre basado en el mandamiento de guardar los registros de todo lo ocurrido en Sión (DyC 69:8; 85:1-2), lo cual incluye tanto documentos históricos de la Iglesia como inclusive contra ella, es decir, todo lo relacionado con la organización.

Por otro lado, los montos transados han sido mucho menores a los expresados por los críticos y en ningún caso llegaban a los “cientos de miles de dólares” (por lo menos, por articulo comprado) como algunos han señalado. De hecho en el caso de la Carta de la Salamandra, cuando esta fue ofrecida a la Iglesia se pidió su canje por una moneda de oro de 10 dólares “mormona”, la cual tenía un valor estimado de entre 60 a 100 mil dólares y que era propiedad del museo de la Iglesia. Dado que se consideró que el documento lo estaban vendiendo “muy caro” fue que se pidió autorización al Presidente Hinckley quien finalmente desestimo su compra por parte de la Iglesia bajo el argumento de que aunque era un documento valioso, era muy caro para que la Iglesia considerase su adquisición.

Es decir, a pesar de que existió una presión para que la Iglesia comprase el comprometedor documento el presidente Hinckley decidió que no iba a comprar la carta, lo cual nos deja listo para el tercer mito de la historia de Hoffman.

El intento de ocultamiento de la Iglesia

Los críticos de la Iglesia tienen un tercer caballito de batalla para atacar respecto a este tema y en mi opinión, es la idea que requiere más imaginación: La acusación de la conspiración mormona para ocultar los documentos que ataquen la imagen e historia de la Iglesia.

Es notable pensar que si la Iglesia realmente hubiese querido comprar y ocultar la historia que supuestamente desmitificaba el testimonio de José Smith, entonces no hubiese rechazado en por lo menos un par de ocasiones la compra de estos complicados documentos. Al contrario, los documentos una vez que llegaron a manos de la Iglesia vía donación fueron casi de inmediato publicados y compartidos con el público en general, a pesar de que potencialmente podrían aportar dudas fuertes respecto a nuestras creencias.

Por ejemplo, en el caso de la Carta de la Salamandra, luego de ser comprada y donada a la Iglesia, la carta fue publicada en forma íntegra en la Church News a menos de un mes después de recibida la donación.

Así también ocurrió con el resto de documentos que la Iglesia compró o recibió por otros medios los cuales los críticos acusan de “haber sido comprados para luego ser eliminadas” pero que sin embargo, aparecieron publicadas en distintas revistas de la Iglesia por lo cual luego de establecerse que en realidad eran falsificaciones de Hoffmann, se tuvo que publicar una aclaración en la Ensign explicando las muchas cartas que habían sido publicadas, y que eran falsas.

Algunas de esas cartas ni siquiera fueron conservadas por la Iglesia tal como el documento de la Bendición de José Smith a su hijo, que podría tomarse como una fuerte prueba de que la Iglesia Reorganizada era la verdadera sucesora en vez de nuestra Iglesia, la cual no fue comprada en primera instancia (nuevamente, se consideró muy cara la oferta) para luego de ser comprada, publicada al público en general y finalmente donada a la Iglesia Reorganizada.

De todas formas, Hoffmann como un último “favor” a la Iglesia, lanzo la historia de que la Iglesia había ocultado una carta de Oliver Cowdery, lo cual ha sido mencionada repetidamente por los críticos de la Iglesia como una prueba de que se habría tratado de ocultar información. Pero, ¿cómo poder probar que la Iglesia no tiene un documento, si nunca ha tenido ese documento? Al final ese punto no es el importante para los críticos, ni siquiera el que Hoffmann no haya presentado alguna prueba de lo que ha dicho, la idea para ellos es perpetuar el mito del ocultamiento mormón.

Los críticos tomándose la atribución del descubrimiento del fraude

Finalmente, lo que me parece incluso algo gracioso respecto al tema, es como los críticos de la Iglesia, los cuales también fueron engañados en primera instancia por Hoffmann y popularizaron sus historias, luego de descubrirse el engaño tomaron la posición de “nosotros ya lo sabíamos” e incluso se mostraron como parte de quienes descubrieron a Hoffmann (a pesar de que su caída se debió en gran parte debido a su error al explotarle sus propias bombas en su automóvil).

Es cierto que hubo contrarios a la Iglesia que presentaron dudas a las cartas de Hoffmann pero no es menos cierto que incluso en la Iglesia fueron cuidadosos al respecto, con el mismo presidente Hinckley mencionando explícitamente que a pesar de que los expertos no habían encontrado pruebas de falsificación, tampoco habían concluido de que eran documentos 100% seguros de lo que decían ser.

En ese aspecto me pareció bastante adecuado la neutral historia publicada como “La Trama Hoffmann”, basada en libros que se escribieron al respecto en la cual se menciona que el documento que sirvió para desenmascarar a Hoffmann no fue precisamente la Carta de la Salamandra o algún otro documento religioso, sino el “Juramento de un Hombre Libre” que Hoffmann trato de vender a la Biblioteca del Congreso de los EEUU y que fue descubierto como un posible fraude por un abogado con una amplia experiencia en impresiones siendo la punta del iceberg que desenmarañó la madeja hecha por Hoffmann.

Finalmente, la última lección de este episodio es cómo a pesar del genio y de lo hecho por Hoffmann se volvieron a cumplir las palabras de José Smith en la carta de Wentworth:

El estandarte de la verdad ha sido erigido; ninguna mano profana puede detener la obra en su progreso, persecuciones pueden surgir, el populacho se puede combinar, ejércitos se pueden juntar, la calumnia puede difamar, pero la verdad de Dios continuará adelante audaz, noble e independiente, hasta que haya penetrado todo continente, visitado todo clima, recorrido cada país, y sonado en cada oído, hasta que los propósitos del Dios se hayan cumplido y el Gran Jehová haya dicho que la obra está cumplida.

Una dura manera de aprender la lección por Mark Hoffmann, bombas de por medio, de que la verdad de Dios continuara adelante, audaz, noble e independiente… hasta que los propósitos de Dios se hayan cumplido. Así que los anti mormones, pueden seguir intentándolo, inventar cualquier historia, tergiversar como quieran la verdad pero ya sabemos, por esta y otras historias, de que finalmente todo su esfuerzo será en vano.

10 comentarios en “La Carta de la Salamandra – Lo que usted debe saber

  1. Estoy muy feliz de pertenecer a la Iglesia verdadera a La Iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días esta paz y este gozo solo la da el seguir a Jesucristo y la manifestación por El Espirito Santo se que tengo un Padre Celestial Y testifico de ello yo se que viven lo testifico en el nombre de Jesucristo amen

  2. Ciertamente habrá muchos que trataran de destruir el reino de Dios en la tierra pero no podan hasta que se cumplan lo dicho por el profeta inundar la tierra con el libro de Mormón.

  3. Bien por la información, pero en lo personal no me interesan los detractores de la iglesia, yo se que José smith fue un profeta de Dios y se encuentra frente a esta dispensación, Dios vive y Jesús lidera su reino sabre la tierra, tengo un testimonio acerca de ello, quien me lo quitará? no hay nada ni nadie que por mas mentiras y falsos testimonios que pregonen puedan amilanar mi fe y la veracidad del evangelio de Jesucristo y su obra sobre la tierra en estos últimos días.

  4. LA OBRA DEL SEÑOR NO SERA TRUNCADA Y TRIUNFARA HASTA SU FIN. LOS HIJOS DEL ADVERSARIO SE AHOGARAN CON SU PROPIA INMUNDISIA..LA VERDAD SIEMPRE TRIUNFARA PORQUE LA DIRIGEN NUESTRO PADRE CELESTIAL Y SU HIJO DIVINO JESUCRISTO Y AMPARAN A SUS HIJOS QUE ESTAMOS EN ESTA TIERRA.

  5. Es muy bueno saber esto en la historia DE la Iglesia, ya que en ciertas partes en especial EUA los misioneros se encuentran con antimormones y si los ponen a temblar por no saber esta parte de la historia y responder correctamente a las personas que de buena voluntad han sido confundidas por este tipo de personas.

  6. Pobre tipo, su destino me recuerda al de Korihor. “El diablo no amparara a sus hijos en el ultimo dia, sino que los conduce aceleradamente al infierno”

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