04 de febrero 1831: Edward Partridge es llamado a ser el primer obispo de la Iglesia


El obispo Edward Partridge y su familia hicieron muchos sacrificios para que él prestara servicio como obispo.

El obispo Edward Partridge y su familia hicieron muchos sacrificios para que él prestara servicio como obispo.

El obispo Edward Partridge fue un devoto siervo del Señor y un digno ejemplo para los miembros de la Iglesia y para los obispos que le siguieron. Recordemos en esta histórica fecha para los mormones, sobre los sacrificios que hizo tanto él como su familia al cumplir este sagrado llamamiento.

Las responsabilidades de un obispo

A principios de 1831, casi un año después de organizada la Iglesia, muchas personas se habían unido a ella y congregado en Ohio, como el Señor lo había mandado. Con el crecimiento de la Iglesia, José Smith necesitó otros líderes para que lo ayudaran en la obra. La Iglesia enfrentaba serios problemas económicos (de dinero). Muchos de los miembros que se congregaron en Kirtland eran pobres, no tenían tierras ni dinero y estaban escasos de comida, ropa y demás artículos de primera necesidad. La Iglesia también necesitaba dinero para edificar un templo y para publicar materiales escritos, como las revelaciones y los folletos misionales. El Profeta mismo no tenía una casa ni la forma de mantener a su familia. Los demás líderes de la Iglesia, que prestaban servicio permanente en la Iglesia, necesitaban también ayuda para mantener a sus respectivas familias.

El Profeta le preguntó al Señor qué se podía hacer para satisfacer esas necesidades, y en febrero de 1831 recibió una revelación en la cual se llamaba a Edward Partridge, quien tenía sólo dos meses como miembro de la Iglesia, a prestar servicio como primer obispo de la Iglesia. La principal responsabilidad del obispo era ayudar al Profeta a satisfacer las necesidades físicas y económicas de los miembros de la Iglesia. José Smith recibió otras revelaciones en los meses que le siguieron que hicieron que el obispo Partridge supiera qué más debía hacer como obispo.

Al obispo Partridge se le pidió que suministrase comida, ropa y un techo a los miembros necesitados de la Iglesia (véase D. y C. 42:30–31, 34). Los miembros que tuvieran comida u otras provisiones de más, tenían que compartirlas con los que no tenían suficiente. El obispo Partridge recibió y distribuyó esas donaciones, guardándolas en un almacén donde los miembros necesitados podían ir a pedirlas.

Otro de los deberes que se le dio al obispo Partridge fue el de comprar y distribuir tierras para edificar casas para la gente y edificios para la Iglesia (véase D. y C. 42:35). Él sería también juez en Israel (véase D. y C. 58:17–18). Eso quería decir que, si un miembro de la Iglesia no guardaba todos los mandamientos, el obispo decidía si seguía o no siendo miembro de la Iglesia. Esa era una forma trascendental de ayudar a los miembros a guardar todas las promesas que le habían hecho al Padre Celestial.

En el año 1838, el Señor mandó pagar diezmos a los miembros de la Iglesia. La Iglesia utiliza los diezmos para hacer la obra misional, para construir y mantener los templos y los centros de reuniones y para publicar los materiales de las lecciones (véase D. y C. 119:1–4). Los obispos (y presidentes de rama) tienen la asignación de recibir los diezmos de los miembros de la Iglesia.

Cuando, a fines de 1831 los miembros de la Iglesia comenzaron a congregarse en Misuri, el Profeta llamó al obispo Partridge para que se mudara a Misuri y fuera obispo en ese lugar y a Newel K. Whitney para que fuera el obispo de los santos que habían quedado en Ohio. A medida que la Iglesia crecía, se llamaban a otros obispos para guiar a los miembros. Cuando se llamó al hermano Whitney, el obispo Partridge pasó a ser conocido como el Primero o el Obispo Presidente de la Iglesia. Él era responsable de todos los demás obispos. En la actualidad tenemos todavía un Obispo Presidente, pero hay muchos obispos que velan por los miembros de la Iglesia en todo el mundo.

Los sacrificios que hicieron Edward Partridge y su familia

El obispo Edward Partridge y su familia hicieron muchos sacrificios para que él prestara servicio como obispo. Cuando se mudó para Misuri, tuvo que dejar a su familia en Ohio. Algunos de sus hijos tenían sarampión y una de sus hijas estaba tan enferma que el obispo Partridge no sabía si volvería a verla con vida.

Cuando todos los niños se mejoraron, la esposa del obispo Partridge y cinco hijos partieron de Kirtland, Ohio, para reunirse con él en Misuri. Mientras se encontraban viajando en barco por el río Misuri, el agua estaba tan llena de hielo que se vieron forzados a desembarcar antes de haber llegado a su destino. Una familia del lugar les brindó alojamiento en un cuarto sin ventanas en una cabaña de troncos de dos habitaciones. Cuando la familia del obispo Partridge llegó finalmente a Independence, Misuri, tuvo que vivir en una cabaña de troncos alquilada, de un cuarto, el cual tuvo que compartir con una viuda y sus cuatro hijos, hasta que el obispo Partridge terminó de edificar una casa de dos habitaciones cerca de donde se construiría el templo.

Mientras el obispo Partridge vivía en Misuri, una chusma lo untó con brea y lo emplumaron porque no querían que ni él ni otros miembros de la Iglesia siguieran viviendo en el lugar. En el siguiente relato, se puede ver su buen carácter y el buen ejemplo que siempre fue para los demás (ponga a la vista la lámina de un hombre al que lo untan con brea y le ponen plumas, mientras hace el siguiente relato):

Dibujo que muestra al profeta José Smith siendo golpeado mientras le tiran brea y plumas. La misma experiencia sufrió Edward Partridge como Obispo.

Dibujo que muestra al profeta José Smith siendo golpeado mientras le tiran brea y plumas. La misma experiencia sufrió Edward Partridge como Obispo.

“La chusma me sacó de casa… me sacaron el sombrero, el saco y el chaleco y me cubrieron con brea de la cabeza a los pies, y después me pusieron encima un montón de plumas; y todo esto porque no quería irme del lugar, ni de la casa donde había vivido dos años.

“Antes de embrearme y emplumarme, me permitieron hablar. Les dije que los santos habían sufrido persecuciones en todas las épocas de la historia, y que yo no había hecho nada para ofender a nadie; que si me hacían daño, dañaban a una persona inocente; que estaba dispuesto a sufrir por Cristo, pero que no estaba dispuesto a marcharme del lugar…

“Soporté lo que me hicieron con tanta resignación y humildad que pareció sorprender a la multitud y me permitieron retirarme en silencio… y en cuanto a mí mismo, me sentía tan lleno del Espíritu y del amor de Dios que no sentí odio hacia los que me perseguían ni hacia ninguna otra persona” (History of the Church, 1:390–391; citado en Valientes B, pág. 82).

El obispo Edward Partridge fue un devoto siervo del Señor y un digno ejemplo para los miembros de la Iglesia y para los obispos que le siguieron.

Fuente: Primaria 5: Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia, 1996

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