La fe nunca escaseó


Daños en capilla de Tarapacá.

Daños en capilla de Tarapacá.

Terremoto en el Norte

SANTIAGO — El suministro eléctrico estuvo ausente por tres días, el agua potable y los alimentos comenzaron a ser insuficientes, viviendas estropeadas y tras una semana, las réplicas no paran. No obstante,  los miembros de La Iglesia de Jesucristo se encuentran con optimismo y mirando hacia el futuro con el ojo de la fe.

Fue un terremoto de 8,2 grados en la escala de Richter el que sacudió al norte de Chile el pasado primero de abril a las 20:46. Un sismo de gran magnitud al que le siguieron más de cien réplicas, entre ellas la de 7,4 grados que se registró a las 23:46 del día siguiente y que fue considerada como un segundo terremoto. Como resultado, muchos hogares, incluyendo los de varios miembros de la Iglesia en Alto Hospicio, sufrieron graves daños estructurales y familias perdieron sus casas. Los mayores daños ocurrieron en esta comuna donde La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene un distrito, algo parecido a una diócesis.

“Hay una feligrés que perdió su casa por completo”, contó con tristeza el Presidente del Distrito, Sebastián Gárate. “Fue pérdida total”. Tras los movimientos telúricos,  las viviendas de calle Eslavonia quedaron para ser demolidas. Una situación que vivieron en menor medida otros miembros de Alto Hospicio. Grandes grietas se apoderaron de las paredes de sus casas, por lo que mientras las reparaciones no estén terminadas, no es seguro vivir en ellas. “Por fortuna, en este momento todos los miembros afectados están viviendo con familiares y amigos. A ninguno les hace falta un techo, incluyendo a la hermana que perdió su casa” añadió el líder de la zona.

Pese a los numerosos daños, ningún miembro de la Iglesia de Alto Hospicio resultó herido.

La ayuda pronto arribó. El Presidente Dalton, junto a su esposa, encargados de los misioneros de la parte norte del país, llegaron el jueves con alimentos para los más afectados. “Llegamos en la tarde”, aseguró el Presidente. “Era una situación difícil para la gente, porque todavía no había luz, ni agua”.

“El dinero valía poco, todo había que conseguirlo”, relató el Presidente Gárate. “En los cajeros solo permitían sacar como máximo 10 mil pesos, la bencina había que ir con un bidón a comprarla, porque no la ponían dentro de los vehículos. Era la única manera de adquirirla”.

La ayuda de la Misión, no fue la única. A este auxilio se le sumó las dos camionetas de las oficinas de la Iglesia que en la mañana de ese jueves llegaron provistas de alimentos y otros insumos básicos.

Otras comunas de la I Región también se vieron afectadas. En Iquique, varias viviendas se agrietaron, también las de muchos miembros, pero por fortuna ningún hogar reportó una pérdida total y tampoco algún integrante herido.

CAPILLAS COMO ALBERGUES

Tras el terremoto, capillas ubicadas en zonas seguras de Iquique, Alto Hospicio y Arica, sirvieron como albergue. El centro de Estaca de Los Olivos, además atendió a aquellos que no son de nuestra fe con alimentos y un techo donde pasar la noche. De acuerdo a los líderes de la Iglesia, en total más de un centenar de personas se vieron beneficiadas.

En la capilla de Costanera, igualmente de la ciudad de Arica, miembros de la Iglesia se vieron obligados a pernoctar por cuatro días en los alrededores de ese edificio, pues las autoridades de la ciudad, por seguridad, no les permitían regresar a sus hogares. Pese a ello, estos fieles asistieron a las reuniones de la Conferencia General de la Iglesia.

CONFERENCIA GENERAL

El fuerte movimiento telúrico también afectó el techo del centro de la capilla Los Olivos en Arica. No obstante, las reparaciones no se hicieron esperar con el fin de que los miembros pudieran disfrutar sin ningún inconveniente de la Conferencia General número 184, comentó el Presidente Rivera. Una actitud que se replicó en la Estaca Iquique donde “a pesar de los difíciles momentos vividos por nuestros miembros, luego de soportar dos terremotos y tsunami menor, pudimos tener una buena asistencia a cada una de las sesiones” aseguró el Director de Asuntos Públicos de Iquique, Oscar Meza.

 “Quedamos sorprendidos con las asistencia. Con las circunstancias no esperábamos que llegaran tantos” añadió el Presidente de Estaca, Arturo Edgardo Escobar. Para la sesión del domingo en la mañana, “el centro de reuniones estaba lleno y el estacionamiento también”.

La capilla de Los Aromos, del Distrito Alto Hospicio también presentó daños en su techo. Sin embargo, frente a la situación, los miembros “estuvieron tranquilos, fue bonito todo” dijo el Presidente Gárate. “De hecho la primera noche que se fue la luz, todos pensamos en la Conferencia, por lo que rápidamente los hermanos se pusieron en la tarea de conseguir generadores”.

Alrededor de las 20 horas del viernes la luz volvió en Alto Hospicio. “Los hermanos ya habían conseguido los generadores y desde la oficinas ya habían venido a reparar el techo del salón cultural y telón que cayó debido a los terremotos” Los hermanos ya estaban preparados, incluso si la luz volvía a faltar.

Niños en la capilla de la Estaca Los Olivos

Niños en la capilla de la Estaca Los Olivos

El Presidente de la Misión Antofagasta y su esposa, la hermana Dalton, volvieron a la Alto Hospicio el domingo, para ver las dos últimas sesiones de la conferencia con los fieles de esta zona, encontrando que la situación había cambiado. “Ya había luz y agua en casi toda la ciudad. La compra de víveres y combustible estaba volviendo a la normalidad”. Pero lo que más le llenó de alegría fue la actitud de los miembros. “Ellos tienen mucha fe. Todos estuvieron felices y haciendo lo mejor en la situación. Las hermanas de la Sociedad de Socorro estuvieron preparando almuerzo para los misioneros y para los demás y todos estuvieron trabajando juntos. No había un sentimiento de desánimo. Todos estaban felices y bien. Aunque perdieron cosas”.

El Presidente de la Misión agregó: “Hable con una familia que había perdido su casa y tenían una razón suficiente para desanimarse, pero estaban animados, con fe en que sus vidas iba a volver a la normalidad”.